“Cuando vivimos en un estado de incoherencia interna (entre lo que pensamos, sentimos y hacemos) y externa (con el orden universal), nuestro campo energético y nuestros sistemas biológicos adoptan geometrías inarmónicas y fraccionarias (lo contrario a un fractal).

Esto genera una mayor distorsión en el flujo de energía e información a través de nosotros. Ya que nuestros cuerpos no están en condiciones óptimas para ser canales, el flujo de energía genera una fricción y mayor desgaste en el proceso de vida. Esto es comparable a un cable cuyo material no está preparado para recibir grandes cantidades de corriente eléctrica y termina quemándose en el proceso. Eso, sencillamente es lo que llamamos sufrimiento.

Cuando vivimos en coherencia, nuestros cuerpos se vuelven más fractales, con proporciones naturales (Phi, Pi, Euler), lo que facilita y aumenta el flujo de energía e información, junto con nuestra capacidad de regeneración, comprensión y por ende nuestra calidad de vida.

Ese estado de resonancia con el orden universal es lo que llamamos felicidad”.

Khalil Bascary


 

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