“Aunque no estemos acostumbrados a pensarlo así, la tierra es un gran ser viviente, cuyo organismo tiene la capacidad de retroalimentarse y autoregularse según las señales que se producen en su entorno. Cuando tú te enfadas, o estas estresado, por ejemplo, tus vibraciones cerebrales se modifican (estado de ondas beta), tu piel empieza a emitir más electricidad de lo normal y el campo magnético de tu corazón (el más fuerte del cuerpo) se debilita y emite señales incoherentes a todo el entorno. No solo nos sucede a los humanos. Los animales y plantas reaccionan de un modo similar. En un bosque, por ejemplo, cuando las plantas perciben que están en peligro, comienzan a comunicarse entre sí emitiendo sustancias químicas al ambiente y entran en estado de defensa, incrementando el nivel de electricidad y generando toxinas u otras sustancias nocivas. Cuando las sociedades humanas están en conflicto o inarmonía con la naturaleza, el resto de los sistemas reacciona y los cambios cuánticos-electromagnéticos que se generan en la región terminan afectando la electricidad de la ionosfera (una de las capas de la atmósfera), continuando la reacción en cadena que se evidencia en las consecuencias climáticas.

Así como tu cuerpo reacciona a los daños físicos o tus estados psico-emocionales y manifiesta una enfermedad en su proceso de recuperación, la tierra también busca mantener su propio equilibrio como respuesta a nuestras acciones. La diferencia es que hemos aprendido a esconder con medicamentos los síntomas de nuestro cuerpo, pero no podemos escapar de los síntomas de la tierra.
Mucha gente se pregunta por qué Dios los castiga con desastres naturales, ya que no vemos la conexión que tenemos con todos los niveles de la creación. Comprende lo que ha pasado en tu interior y comprenderás lo que sucede en la tierra.”

Khalil Bascary

 


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