“¿Sabias que todos emitimos campos de bioenergía a nuestro alrededor?. Verás, toda carga eléctrica en movimiento genera campos magnéticos. Todas las células vivas, incluso las nuestras, tienen una carga eléctrica de entre 70 y 90 milivoltios, por lo que en súma nuestro cuerpo emite un gran campo electromagnético, que aunque no solemos ver, está allí cumpliendo una función y generando importantes influencias en nuestras vidas.

El campo bioenergético humano que hemos comenzado a medir en la década de los 60´comienza aproximadamente a los 400hz y llega aproximadamente a un millón. Lo interesante es que este electromagnetismo emite patrones coherentes de ondas que llevan información e interactúan con la energía de las cosas y personas a nuestro alrededor, estableciendo una comunicación sutil y fundamental con nuestro entorno.

Podemos conocer mucho sobre una persona en base a su información bioenergética. Las que emiten vibraciones más bajas suelen dedicar la mayor parte de su tiempo a actividades físicas. Las frecuencias intermedias denotan una persona con gran actividad intelectual, mientras que las frecuencias más altas se dan con actividades de tipo espiritual o místico.
La clave de nuestro bienestar reside en nuestra capacidad para modular nuestra frecuencia electromagnética para poder alcanzar todos los espectros y de ese modo relacionarnos de manera integral con el resto del universo, o en otras palabras, vivir la vida en toda su profundidad.”

Khalil Bascary
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A continuación, ampliamos la información con investigaciones recopiladas de diversas fuentes a la largo de los años.

Investigaciones sobre los campos magneticos del ser humano

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En la actualidad, el campo magnético de la Tierra (la magnetosfera) está siendo altamente monitoreada, ya que es el escudo que protege la vida en nuestro planeta de los rayos cósmicos, meteoritos y cometas que podrían ser letales para nuestra vida y la de todas las especies.
También sabemos que los humanos estamos conectados a la vibración de la magnetosfera a través de nuestra glándula pineal, que vibra en las mismas frecuencias en las que lo hace el núcleo de nuestro planeta, sincronizando nuestros ritmos vitales con los de la Madre Tierra.
Pero el cuerpo humano también genera su propia magnetosfera, el campo biomagnético humano. Este tiene varios metros de circunferencia y se vería con la forma de un ocho.
Fue en los años 70 cuando se logró diseñar el instrumental necesario para medir estos campos, que son muy débiles y por lo tanto se necesitaba de sensores altamente sensibles para poder registrar y medir sus manifestaciones.
El cuerpo humano es un gran campo electromagnético en su totalidad. Es un cuerpo de energía, y la visión que tenemos de él como de una estructura de carne y hueso es sólo la representación que hace nuestro cerebro de las señales que recibe nuestro aparato perceptual. La forma, el color, el olor y el sabor de nuestro cuerpo, son sólo representaciones virtuales de nuestro cerebro de estas señales, del mismo modo que nuestro televisor recibe señales radioeléctricas que transforma en imágenes y sonidos.
Como éstos campos biológicos o bioplasmáticos son extremadamente tenues, de muy bajas frecuencias, (todas las células vivas tienen una carga eléctrica de entre 70 y 90 milivoltios) se miden en Teslas (en honor al noosférico ingeniero Nikola Tesla 1857/1943). El rango de nuestros campos magnéticos biológicos es de 10-9T (nanoteslas) hasta 10-15 T (femtoteslas).
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Toda carga eléctrica en movimiento genera campos magnéticos. En el caso de la Tierra, el principal generador es el núcleo terrestre, y en nuestro cuerpo, el latido del corazón y de todos nuestros órganos.
Vamos a ver qué ocurre en lo microscópico: el campo electromagnético de cada célula es también una barrera de protección, otro escudo como el de su membrana, pero que defiende a cada una de nuestras células, haciéndolas “resonar en armonía” y acercándolas a otros microorganismos o moléculas beneficiosas, y logrando un rechazo de otras que podrían ser destructivas.
Los iones de potasio y sodio son los que mantienen el equilibrio eléctrico de la membrana celular. El potasio, desde dentro, se magnetiza con los iones de sodio del exterior de la membrana. La diferencia entre el potencial eléctrico de estos iones, permite el intercambio de información entre el interior y el exterior de la célula.
Cuando una célula pierde su carga eléctrica, o ésta es menor a 30 milivoltios, muere. Por ello una de las formas de detectar enfermedades, es monitorear las cargas eléctricas celulares. Cada célula es una especie de pila eléctrica que mantiene la energía de nuestro organismo.
Del mismo modo, cuando nuestro cuerpo disminuye su carga eléctrica general (la intensidad de su campo magnético) estamos ante una enfermedad. En la medicina china desde hace milenios, estos campos eléctricos son tratados en la red de meridianos por los que circula la energía.
La Tierra hace lo mismo con su campo geomagnético: gracias a estas cargas eléctricas danza su baile cósmico en el planeta solar, impidiendo el paso de las radiaciones cósmicas destructivas, los meteoritos y los cometas, y dejando pasar las radiaciones que le permiten mantener la vida. En los últimos años, el campo magnético terrestre ha disminuido, por lo que nos encontramos en una fase de vulnerabilidad que necesita de un aumento drástico en los años que se vienen para la conservación de la biota.
Es impresionante cómo en las comunidades científicas aún se resiste a hablar del cuerpo como de un campo electromagnético o radioeléctrico, dejando en claro que aún seguimos con la mentalidad de la física Newtoniana sin cambiar el paradigma evidente que nos presenta la física cuántica. Pero hay algo más, y es el interés de monopolizar toda forma de energía: los científicos dedicados al estudio de las diversas variables de la energía, siempre corren altos riesgos.
Veamos cómo afecta el campo magnético terrestre (magnetosfera) a nuestro organismo.
Entre la magnetosfera y los campos magnéticos de nuestros cuerpos, hay un equilibrio constante de energía, lo que nos mantiene vivos y sincronizados, permitiéndonos cambiar según las circunstancias del cosmos. Cuando la Tierra tiene una alteración en su campo magnético, el humano puede sufrir sus consecuencias. Ya en 1976, el Dr. Kioyichi Nakagawa, director del Hospital Izusa de Tokio, nos hablaba del “Síndrome de Deficiencia Magnética”, entre cuyos síntomas están el fuerte dolor de cabeza, una sensación general de debilidad, y dolores en el cuello, pecho, hombros y espalda, cuando la Tierra debilita su magnetosfera.
Una de las piedras más utilizadas por los terapeutas para armonizar el campo magnético del cuerpo, es la magnetita. En mi estudio tengo una piedra muy grande de magnetita que utilizo cuando la luz del módem Vodafone se pone en verde y me hace navegar a baja velocidad por Internet. Tomo la piedra en mi mano derecha, mientras el ratón con la izquierda, y la velocidad vuelve a lo normal. Estoy usando el campo magnético de mi cuerpo y potenciándolo con la piedra, con lo que logro una solución muy práctica para navegar más rápido por la red. En fin, aplicaciones de lo más útiles de los descubrimientos de la ciencia, con lo que tenemos a mano.
Es ilógico que teniendo un cuerpo electromagnético, éste no pueda curarse con la aplicación de distintas cargas. Pero ya sabemos cómo es la ciencia: hoy te llama “loco” y mañana le da un premio Nobel a algún científico que postula lo mismo que tú pero que es más cercano a los ámbitos académicos o tiene un lobby más eficiente.
En todo caso, ¿cuántos lobbies de grandes compañías telefónicas habrá en la actualidad, encargados de ridiculizar a los investigadores del campo biomagnético humano, justamente porque éstos están revelando el peligro de las instalaciones de antenas de telefonía móvil?.
“El Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados (CCRSERI) en el informe publicado a comienzos de 2009 para los campos de radiofrecuencia (RF), concluye, a partir de tres líneas de evidencia independiente (epidemiológica, animal y estudios in-vitro), que la exposición a campos de RF es improbable que conduzca a un aumento del cáncer en humanos. Sin embargo, dado que la duración global de la exposición de los humanos a los campos de RF procedentes de los teléfonos móviles es más corta que el período de inducción de algunos cánceres, se precisan más estudios científicos para identificar si una exposición en humanos considerablemente más larga (más de 10 años) a ese tipo de teléfonos podría suponer un riesgo de cáncer.”
En fin, ni sí, ni no. No se mojan ni por la humanidad, ni por las grandes multinacionales, porque hay tantos estudios que demuestran que la telefonía móvil puede causar daño celular que no tienen ya demasiados fundamentos como para sostener los intereses de las megacorporaciones de telecomunicaciones.
Volvamos a la magnetosfera.
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El próximo máximo solar obligará a la Tierra a autorregularse para protegerse de la gran lluvia de protones que está aumentando en este nuevo ciclo, cuyo máximo espera la NASA que sea de un 30 a un 50% más potente que los anteriores.
Es una gran oportunidad para el ser humano, pues al aumentar el campo magnético terrestre, aumentará el nuestro, produciendo (si todo sigue el patrón natural de auto-regulación) una mejor salud.
Y vaya que necesitamos de este nuevo máximo solar, ya que hemos contaminado el equilibrio natural de los campos magnéticos con la proliferación de antenas emisoras y grandes centrales eléctricas.

Aura, cuerpo astral y campos electromagnéticos

Una investigadora de campos electromagnéticos habla de su particular visión de “eso” que rodea a los cuerpos y que ella denomina bioenergia.

Hace 82 años cuando USA entraba en la 1ª guerra mundial, una niña de 8 años de una granja de Indiana sufrió dos experiencias cercanas de muerte en rápida sucesión, el trauma la llevo a permanecer en un estado alterado de conciencia durante seis meses. No podía alimentarse sin ayuda, su familia había perdido la esperanza de que viviera.

Sin embargo, cuando su conciencia volvió a la tierra, recobro la salud. Con el correr del tiempo, empezó a leer textos universitarios y se convirtió en una erudita en su campo, enseño en las universidades de Columbia y de Iowa, y desde 1947 en la de California donde hoy es profesora emérita del departamento de Ciencias Fisiológicas. Con cuarenta años de carrera, La doctora Valerie Hunt ha llegado a ser la principal autoridad científica mundial sobre un fenómeno del que se ha hablado durante muchos siglos, pero que nunca fue medido científicamente : el aura humana.

A fines de la década de los 60, la Dra. Hunt empezó a medir el aura de la gente, ella lo llama bioenergia humana, y encontró que contiene información relacionada con las condiciones y enfermedades fisiológicas, emocionales y del nivel consciente de una persona.

Su “descubrimiento” de que el aura existe y que contiene importante información hizo que sus propias creencias se desmoronaran, sobre todo al descubrir que el aura puede ayudarlo a uno a comprender una de las ideas mas controvertidas y cargadas del vocabulario místico de hoy, las vidas pasadas.

Hunt no tiene e-mail ni pagina web, porque su teléfono suena constantemente y no quiere mas “publicidad”

Muchos de los llamados son de médicos que tienen conciencia de que a pesar de los análisis químicos y los tratamientos para curar las enfermedades, no lo saben todo. Ha escrito varios libros, entre ellos Mind mastery meditations, infinite Mind: The science of human vibrations, Naibu, a spiritual universe, etc. Hunt hablo con Don Wood de la revista Magical Blend en su consultorio a sur de California:

¿Qué es la bioenergia humana?

La bioenergia se crea cuando la energía eléctrica de los átomos del cuerpo se comunica con la del mundo exterior, afectándose recíprocamente. La clave esta en esa transacción, por ejemplo si ponemos gente en una habitación y eliminamos la energía electromagnética la energía del cuerpo enloquece y se producen grandes perturbaciones emocionales, los órganos individuales tienen campos pero los registros de los órganos están en la porción baja, magnética, del espectro electromagnético, y no en la parte alta, que es eléctrica. La frecuencia mas alta que se ha registrado para un órgano es de 150 ciclos por segundo (cps).

El campo bioenergetico humano empieza a los 400 cps aproximadamente y llega hasta un millón.

¿La bioenergía es lo mismo que el aura?

Sí, es lo mismo, Sin embargo, no la llamo así porque ha habido tantas exageraciones y mentiras respecto del aura, tanta confusión… pero existe.

¿Qué aplicación práctica tiene saber que el aura existe?

La bioenergía abarca a todo el ser humano: la salud, las emociones, el aprendizaje, la creatividad, lo que usted quiera. Es el campo desde donde primero tiene que venir toda la información, antes de llegar a los sentidos. Dentro de cincuenta o cien años, la base de toda educación será a través de ese campo, y no sólo a través del intelecto y de los sentidos. La bioenergía es la frontera de la salud humana. Cuando en este campo hay perturbaciones, tarde o temprano se manifestarán en el cuerpo humano. Pero los campos varían en términos de fuerza. En el campo de un fumador, por ejemplo, cuanto mas fuerte sea el campo más podrá soportar los efectos tóxicos del tabaco. La bioenergía ayuda a regenerar los miembros, yo misma lo he visto. Porque aun cuando un miembro pueda no estar más, el patrón de energía del campo permanece durante un tiempo. Este es el fenómeno del llamado «miembro fantasma». Si el campo energético todavía está allí, y uno lo siente, dentro del patrón de energía uno tendrá tejidos que crecerán de nuevo. Algunos médicos ahora dicen que podremos incluso hacer que vuelva a crecer el corazón, de modo que no necesitaremos trasplantes, aunque aún no hemos llegado a ese punto.

¿Qué diferencias hay en la bioenergia entre una persona y otra?

En algunas alcanzó a registrar 100.000 ciclos por segundo, que es lo más alto a lo que pueden llegar. Otras llegan a 250.000 cps, y aun siguen subiendo, pero necesitaría mejores instrumentos para medirlas. Algunas personas tienen toda la gama de frecuencias y pueden utilizar cualquier escala que necesiten. Eso se llama salud. Si hacen algo físico, tendrán más frecuencias bajas. Si hacen algo intelectual, tendrán más frecuencias de la parte media de la escala. Si hacen algo místico y espiritual, tendrán más de las frecuencias altas. Pero no están encerradas en ninguna de ellas. Uno se encuentra en problemas cuando se queda encerrado en una escala de frecuencia y amplitud en particular.

Usted empezó su carrera como una neurofisiologa tradicional. ¿Cómo se sintió al empezar a explorar la bioenergia y ver que cambiaba su visión del mundo?

De niña era una mística, pero lo bloqueé, simplemente porque era demasiado difícil. El mundo no estaba preparado para mi intuición y mis insíghts, así como el hecho de que me atreviera a ver otras cosas. Como neurofisióloga había sido entrenada con los procedimientos estándar, y sabia todo lo que había que saber sobre el cerebro y los músculos. Creíamos que lo sabíamos todo. Entonces encontré a un sanador de aura que me ayudó a devolverle la vida a un músculo enfermo de polio, algo que, en esa época yo creía imposible; esto hace cerca de treinta años. Realmente tuve una conmoción cuando apareció el rolfing y fui testigo de cambios en el rendimiento que no podía describir fisiológicamente. Luego, estudie a bailarines que se ponían en trance, y descubrí algo que nunca había visto antes: un campo de energía. Fue en la primera conferencia sobre acupuntura en la Universidad de Stanford cuando, por primera vez, me di cuenta de que probablemente se trataba de ese campo de energía que yo estaba explorando. Intelectualmente, pasé por una gran lucha interior para poder decir que si bien la fisiología y la neurología son muy importantes, no son la respuesta.

Los cuerpos del campo energético

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Casi todos los investigadores están de acuerdo en que existen varios estratos de campo áurico. La  cantidad de capas áuricas descubiertas y vistas por los científicos y videntes a lo largo de los años, varía entre tres y mas de siete . Ultimamente parece bastante probable la existencia de siete capas áuricas.

Cada uno de los estratos del aura es distinto. Los campos impares tienen una estructura mas definida, mientras que los pares se muestran menos estructurados, casi fluidos y en constante movimiento.

Todos los estratos áuricos invaden, a su vez, los estratos inferiores. El séptimo penetra hasta el cuerpo fisico, el sexto invade los cinco inferiores y también el fisico, y así sucesivamente, hasta llegar al primer estrato, que es el mas próximo al cuerpo físico.

Cada estrato del campo del aura se relaciona con los siete chakras y glándulas principales del sistema endocrino, estando las tres primeras capas asociadas a la energía del mundo fisico, metabolizadoras ,el cuarto estrato es un transformador, interconectando capas áuricas y campos energéticos, y las tres capas áuricas superiores metabolizan las energías relacionadas con el mundo espiritual.

A cada estrato del campo del aura le fue asignado un nombre, que varía según el investigador, y generalmente refleja su función. Obviamente, el largo de los distintos estratos no es fijo y varía en el mismo individuo, en razón de su momento; es decir, si una persona se encuentra en un estado de profunda meditacion, el aura se presentara  mucho mas extensa, y los colores serán mucho mas vivos y brillantes.

 

En los últimos años, nuestra propia ciencia ha hecho un descubrimiento radical y revolucionario que cambia todo en relación a la manera en que pensamos en nosotros mismos y en el mundo.

Descubrieron que cuando creamos emociones basadas en el corazón, tales como gratitud, aprecio, cuidado – literalmente, usando el músculo del corazón para crear estas emociones – lo que en realidad estamos haciendo es generar un campo magnético dentro de nuestro cuerpo, que es parte del campo magnético de la Tierra que experimenta el cambio.

Este campo magnético une toda vida sobre la Tierra, desde una brizna de pasto hasta una hormiga, desde un pececillo de color, a un hámster, a nosotros mismos.

Cuando muchos de nosotros nos reunimos y creamos un sentimiento común, a esa experiencia se la llama ‘coherencia’. La coherencia en efecto puede medirse. Tiene una frecuencia de 0,10 hertz. Ésa es la medida de la coherencia creada entre el corazón y el cerebro.

 

 

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